El riego ha de ser moderado, frecuente pero no en exceso, para evitar encharcamientos o sequías, ya que la Gerbera responde muy mal a los cambios bruscos. No hay que regar nunca por encima de sus flores. Hay que abonar con un fertilizante rico en potasa, ya que se favorecerá la emisión de flores y mantendrá la planta más resiste ante posibles enfermedades. Estos fertilizantes además deberán contener microelementos para evitar las carencias, en especial la de hierro, cuya característica es el amarilleamiento de sus hojas. La temperatura idea es de 17 a 25º C, con una humedad relativa ligeramente elevada. En cuanto a las plagas y enfermedades que puede sufrir la Gerbera, en casa no debe preocupar, ya que suele comercializarse en perfecto estado. Al ser un planta que está en el hogar, no suele infectarse de plagas del exterior por lo que su ciclo de vida se cumple sin problemas. No obstante, en caso de aparecer alguna plaga o enfermedad (araña roja, pulgón en sus flores…) un tratamiento con un formulado de triple acción de los que se comercializan bastaría. Estos cuidados son si la planta se encuentra en maceta. Si la disfrutamos como flores frescas (aquí podemos encontrar un precioso ramo de Gerberas), sus cuidados se limitan al cambio de agua cada dos días, recortar el tallo un centímetro cada vez que se realice el cambio de agua y añadir un conservante al jarrón de agua.
http://infoflor.es/
No hay comentarios:
Publicar un comentario